Cada mañana empieza el otoño y las sábanas pesan y pesan sobre las noches, con la cabeza patas arriba donde todo es un ir y venir de casi nada.
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Me cuesta un mundo pisar el suelo y siempre acabo con las rodillas manchadas de asfalto. Siempre en silencio. Gris negro verde marrón y otra vez gris. Mientras, dentro de mí late un poema de Gloria Fuertes y yo digo a quien me quiera escuchar eso de que se desencadene o compro monedas que ya no sirven para lo que sirven las monedas o escribo cartas que nunca llegarán a sus destinatarios o paseo bajo la lluvia o sueño con el mar.
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Sí. Cuánto sueño últimamente.
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Cada mañana empieza el otoño y yo le sigo el juego.
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Foto: En Murcia, hace un siglo



1 comentarios:
Me encanta, si me lo permites, imaginarte soñando con la cabeza patas arriba... entre los montones de hojas del otoño.
No dejes de soñar,
Javier
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