Konrad Lorenz (etólogo galardonado con el Nobel de Medicina en 1973)
Solía decir en broma mi maestro, Oskar Heinroth, que: "Después de las alas del faisán, el producto más idiota de la selección intraespecífica es el ritmo de trabajo del hombre civilizado occidental". La vida apresurada que nos ha hecho nuestra civilización industrializada y comercializada es efectivamente un buen ejemplo de evolución impropia, debida exclusivamente a la competencia entre congéneres. El hombre contemporáneo padece de la enfermedad de los gerentes, hipertensión arterial, atrofia renal, úlcera de estómago y neurosis torturantes; vuelve a la barbarie porque ya no tiene tiempo que dedicar a empeños culturales. Y todo ello sin necesidad, ya que nada le impide entenderse con sus congéneres para trabajar con más calma, sin dejar por eso de ganarse la vida. Nada se lo impide en teoría, porque en la práctica le es tan imposible renunciar a esa vida como al faisán a sus plumas.
Por razones fáciles de comprender, el hombre está particularmente expuesto a los nefastos efectos de la selección intraespecífica. Como ningún otro ser antes que él, ha sabido domeñar a todas las potencias hostiles del medio extraespecífico. Ha erradicado al lobo y el oso, y ahora es él su propio enemigo, de acuerdo con el dicho romano: homo homini lupus.
KONRAD LORENZ.
"Sobre la agresión. El pretendido mal" (1963), pag.51



1 comentarios:
asqueroso egoísmo intrínseco...
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